Conversación en el parque

Cua

historias

– A veces me dan ganas de coger. Pero no siempre se puede. Las cosas no vienen bien y es medio complicado encontrar una mujer. Será que ya uno pretende disfrutar de mucho más que ponerla y nada más. Para eso siempre hay alguna dispuesta, pero en general son feas, sucias o de alto riesgo que te pasen alguna enfermedad. Cuando digo coger, me refiero al placer de disfrutar con una mujer. Sentir su cuerpo, su voz, sus manos, cada parte de ella. Las cosas de afuera que se pueden palpar y las de adentro, eso tan lindo que suelen tener. Con ellas si, es incomparable cerrar los ojos y dejarla hacer. Pero con las otras, las siempre dispuestas, no se puede hacer eso. Tenés que estar siempre en guardia, no confiar. Ni siquiera cuando se llenan la boca. A veces, desde la profundidad de esos ojos casi siempre oscuros me da la sensación que están pensando en que pasaría si la muerden. No sé, son cosas mías. Cosas de viejo, quizás. Pero lo que si me molesta, y cada día más, es esa desagradable sensación de coger con alguien que no te gusta y ni siquiera deseas.

El viejo se detuvo ahí. Yo, sentado en el otro extremo del banco a orillas del lago en Palermo, lo miré por apenas un momento y no le di importancia.

– ¿Se da cuenta de lo que digo?, interrumpió el viejo.

– Si. ¿pero por qué me cuenta sus problemas? No dije que me interesara…, lo corté con gesto desabrido y tajante.

-Disculpe, tiene razón. Miró hacia el lago donde unos pocos botes con parejas de novios trataban de navegar y tragó saliva:

– Es que ya no se puede hablar con cualquiera, ¿vio?  -Sin esperar respuesta continuó- Usted anda con la cámara esa. Hace rato que lo veo sacando fotos. Parece que le gustan los pájaros esos de la isla. Son lindos si, y las personas a las que les gustan los pájaros tienen otra sensibilidad. Son buenas personas. Me parece a mi, al menos. Por eso cuando se sentó acá no dudé y vine. La verdad, tiene razón, no sé porque le cuento todo esto…

lo volví a mirar pero no dije nada esperando que se olvidara que yo estaba allí.  Me dediqué a revisar mis fotos en la pequeña pantalla de la cámara.

– Tenía razón Zitarrosa, ¿se acuerda? Volvió a la carga el viejo:

“…gaucho pobre y leña verde, todo va para un rincón…”, canturreó. Me he dado cuenta, que sin plata no hay mujeres que valgan la pena. No digo montones de plata, me refiero a lo suficiente como para pagar un café, o por ahí una cena, qué se yo. ¿Sabe?, no me resigno a estar sin coger o terminar con esos “cascarudos” que tengo de vecinas mal cogidas. Los entiendo a los tipos, a sus maridos. Son más feas que pegarle a la madre, olorosas, de pendejos crecidos y carnes fofas. Yo merezco algo mejor, modestia aparte. Además, apenas uno acaba se le van las ganas de estar con ellas. Uno puede estar muy caliente, y ellas aprovechar la oportunidad, pero apenas uno se la pone ya se quiere ir de ahí. Cero atractivo. Igual uno le da como para hacer buenas relaciones con los vecinos, pero no es lo ideal. Me da miedo de terminar como ellas…

No parecía un mal tipo pero su actitud y lenguaje tan vulgar me molestaba. Lucía bien vestido aunque sin brillo. Bien podría ir detrás de alguna mujer y dejarme de joder. Sus tribulaciones, aún groseras, hablaban de un tipo pensante. En algún momento me va a pedir guita, calculé. Mejor me voy.

– Mire a todas estas mujeres -señaló con un gesto a las que paseaban, trotaban o hacían ejercicios en el circuito en derredor del lago- Son todas de plástico, concluyó.

La puta que lo parió al viejo. Ya me estaba cansando. Guardé la cámara en la mochila dispuesto a irme.

– ¿Se dio cuenta que todas están en pose? Además, ¡no transpiran! Usted pasa al lado de ellas y huelen a rosas. Se les nota a lo lejos las cirugías, botox y otros artificios para parecer algo similar a ser lindas. ¿Usted creé que alguna de estas mujeres me daría bola?

Ya de pie, me encogí de hombros.

– Se equivoca. -continuó el viejo- Estas mujeres, que se ven tan atractivas aún por sobre sus defectos, miden la capacidad económica del hombre antes de evaluar si el bulto que carga les place. Viven en el dinero y desprecian a quien no lo tiene. Por mi parte, ¡qué se jodan! Esos mismos tipos que andan en Audi o Mercedes, que las llevan a cenar sin conocerlas y que les cuentan de inversiones y glorias pasadas, son los mismos que las cagan una y otra vez. Así es que andan con cara de culo y desconfiando de cada tipo que se les acerca. Son incapaces de mirar dentro de la gente. Para ellas, si uno no tiene plata no existe. Uno las ve así, tan sueltas, sonrientes y pudientes que piensa lo bien que viven esas mujeres… ¡mentiras! Viven una vida de mierda. La mayor parte del tiempo no cogen. Se pasan a pajas con aparatitos traídos de Miami. Eso sí, cuando salen a la calle lo hacen con cara de superadas. De mujeres sin urgencias y que todo les resbala.

– Vidas tan miserables como la suya, supongo. Le dediqué mientras me alejaba.

– Si, vidas de mierda por no saber comunicarnos, murmuró.

– Y por no tener plata… le dije a modo de despedida.

– Exacto, también por no tener plata.

Anuncios

5 comentarios en “Conversación en el parque

  1. Buenas noche, Walter

    Una realidad de la sociedad Femenina, desde niñas nuestros padres inculcan buscar mejor posición social, debemos lucir bellas, interesantes y demás. Al final y con la edad nos convertimos en mujeres sin alma en el encuentro del amor.
    En definitiva, el buscar pareja se tiene dote o se tiene belleza y eso a cualquier edad.

    Le gusta a 1 persona

  2. Walter,por lo que escribes,nunca has admirado, nunca has disfrutado del perfume,de la suavidad de su cabello,de su elegancia, en esas calles de Palermo.
    Tu abrazo,tu caricia en su pelo y tu beso, no dijeron lo mismo que escribes aquí . No hay que generalizar … Y creo que hay formas de expresión que resultan transgresoras y un tanto grotescas…Así lo veo yo. Saludos amigo de Buenos Aires. Ya volveremos a compartir algún día una cerveza.

    Me gusta

    1. Hola, buenas noches.
      Quizás no has leído todo el relato. Es eso, un relato. Un cuento. No es mi posición personal.¿Acaso todo lo que escribimos es una posición ante el mundo? Los personajes literarios tienen esa cualidad. La de crear situaciones que intervengan en nuestros días como si fueran una persona más. Gracias Cristina por tu cercanía.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s