Nosotros, ¿qué somos?

tumblr_mtoxakCSVw1qg1faio2_1280

Nosotros, ¿qué somos?

– Nosotros, ¿Qué somos?

Giró el torso con una mirada fugaz entre la maraña de cabellos desordenados. Apoyó un codo sobre la almohada, despejó sus cabellos del rostro y su mirada ahora brilló como un relámpago.

-Nada, fue mi reflejo de supervivencia.

Todo lo que dijera desde ese momento sería utilizado en mi contra. Mi respuesta resonó fuerte en el silencio de la habitación por lo que decidí agregar:

– Somos dos personas conociéndose.

-Eso, dos personas conociéndose, repitió inexpresiva, mirando hacia la pared.

Hundió en la almohada su rostro. Imaginé que sentía la misma desazón que un policía cuando el detenido no accede a confesar. Todavía estábamos enredados en el cálido remolino de sábanas desordenadas pero ni un témpano sobre la cama hubiera congelado tanto el ambiente como su pregunta.

Quien crea que las mujeres suelen cambiar de humor sin motivo alguno se equivoca. Esos cambios, en apariencia súbitos, en realidad son la eclosión de un proceso interno que puede tener un largo tiempo de silente incubación. Esa noche me correspondió observar como el volcán erupcionaba sobre la cama. Quién sabe desde cuando bullía el magma en su interior.

Etiquetas y casillas

El tiempo pasó, pero de vez en cuando saltaban ante mi aquellas palabras: nosotros, ¿qué somos? Una de las cosas buenas de ejercitarse cada día en Palermo es que uno dispone de un espacio de tiempo para dedicarse a profundizar en temas transcendentales. Por ejemplo reflexionar sobre el sentido de la vida, determinar cual será el tema sobre el que escribiré ese día y que rápido se me terminó la avena del desayuno.

Entre aromas de pinos y trote cansino comprendí que la necesidad de encasillar o etiquetar expresa cierta inseguridad en la persona que lo hace. Pero no está mal, todos nosotros, en mayor o menor medida, etiquetamos y encasillamos para comprender mejor y situarnos adecuadamente ante personas y entorno. Por lo tanto, en el plano de las relaciones sentimentales las etiquetas (¿Qué somos?) aportan seguridad interior, luego seguridad ante el entorno más directo y por último seguridad ante la sociedad toda.

Pude determinar una probable escala de etiquetas sentimentales. Cada una de ellas con bien definidos derechos y obligaciones. La máxima categoría es “casamiento”, con la suma de los derechos y obligaciones. Le sigue “convivencia” que tiene un grado menor de devoción seguido de “pareja”, que representaría algo así como el mínimo femenino aceptable. A partir de allí, hacia abajo, comienza una especie de ciénaga sentimental. La primera categoría que encontramos está casi en desuso, “novia”. Ya metidos hasta la cintura en el pantano descubrimos la categoría “estamos saliendo”, y culminamos absolutamente embarrados con la tierna y liberal “para coger”. Aceptando esta escala de etiquetas surgieron otras incógnitas. Por ejemplo, la real validez de las etiquetas que utilizamos, su actualidad y si son verdaderamente necesarias. Creo que todos manejamos las mismas. El problema surge cuando la etiqueta de uno no es compatible con la etiqueta del otro. Ejemplo; un hombre se relaciona con una mujer y le asigna (secretamente, claro) la última etiqueta. Ella, sin embargo, aspira a más con ese señor y le asigna (sin que la víctima lo sepa) “pareja”, eso es un volcán en ebullición. De esos feroces encontronazos surgirían luego las elaboradas estrategias femeninas de auscultación y prevención de pérdidas. Una retahíla de preguntas, sugerencias, pruebas, ensayos, exigencias, contemplación y otras artes desplegadas para captar que carajo de etiqueta le asignó ese tipo a ella. Los hombres captan esas energías sintiéndose bajo observación. Eso nos hace ser reticentes, defensivos, ante lo que consideramos invasivo. Nada peor para un hombre que el sentir a una mujer horadándole la cabeza.

Resulta evidente que tanto mujeres como hombres dilapidamos enormes cantidades de energías emocionales en tratar de hacer primar nuestra etiqueta por sobre la etiqueta del otro. En resumen, una manga de estúpidos sin capacidad de relacionarnos con sencillez y sinceridad. Es mejor perder a una persona interesante por expresarle la verdad de nuestros sentimientos que mantenerla a nuestro lado bajo simulación. Con lo anterior bastante claro y en pleno proceso de elongación surgió una nueva incógnita; ¿por qué nos relacionamos?

Química y física

Los avances en las neurociencias permiten conocer como actúa el amor en nuestro cerebro y cuerpo. También nos orientan sobre las causas de su surgimiento y las probables de su posterior extinción. Si no he entendido mal mis lecturas, el amor entre dos personas surgiría desde la humana necesidad de procrear y asegurar que esa cría sobreviva, y con ella nuestra especie. Es un impulso vital como el florecer del árbol o el celo de la ballena, de pronto llega y nos hacemos cargo sin entender ni preguntar demasiado. Ese lazo amoroso surge y se mantiene constante hasta el momento en que sus crías pueden valerse por si mismas. Ambos cumplen con el ciclo reproductivo de la especie. Algo así como el “llamado de la sangre” o un mandato ancestral. Se da cuenta entonces señora, el porqué nos divorciamos cuando los hijos ya están grandes.

Hambre y hembras

Estudios antropológicos afirman que las primeras organizaciones “familiares” habrían estado compuestas por varias hembras con sus crías y acompañadas de numerosos machos. ¿Por qué los machos eran más numerosos? Sencillo, morían en mayor cantidad por estar más expuestos y por proteger al grupo, especialmente a las hembras con sus crías que eran las crías de todos. ¿Por qué los machos eran tan altruistas? Porque las hembras proporcionaban un placer superior a encontrar una naranja, una lagartija o algo que llevarse a la boca. Eran tiempos de hambrunas endémicas y acoso de predadores y las básicas necesidades de beber y comer significaban una arriesgada aventura. Aquellos homínidos carecían de entretenimientos y mucho menos de grandes satisfacciones, salvo esa ocasional, deliciosa e inexplicable sensación que proporcionaban las hembras. Mire usted a una perra en celo en la calle y la corte anhelante de caninos en pos de ella y se dará cuenta de lo que digo. El sexo es uno de los poderosos impulsos vitales de la humanidad. Nos relacionamos por naturaleza, el sexo nos empuja, nos impele irresistiblemente hacia el otro. Miles de años de evolución nos han permitido disfrutar del otro, de ese ser distinto y a la vez magnífico de descubrir. ¿Qué etiqueta le corresponde? Ninguna, sea lo que sea que resulte esa relación. Me respondí, recién entonces, luego de esta extensa lucubración la incógnita de por qué nos relacionamos. Costó pero salió. Ahora es momento de hidratación.

No nos estamos adaptando

Regresando por la avenida del éxtasis (nadie sabe que yo la denomino así) que es ese trecho arbolado que bordea el Lago Regatas paralelo a Figueroa Alcorta, se me ocurrió otra pregunta, ¿se ama a los 20 años igual que a los 50? Cada uno de nosotros tendrá una respuesta de acuerdo a sus creencias, vivencias y observación. Yo creo que no, porque las experiencias acumuladas en la vida nos enseñan, o deberían enseñarnos. Intentar reeditar los sentimientos con la misma inocencia e intensidad que a los veinte años es una pérdida de tiempo. Quizás la sensación sea similar pero expresivamente será diferente. Entonces, ¿por qué insistimos en formas de relación (etiquetas) que no nos representan? Veo que nos desgastamos tratando de encajar en casillas donde no nos sentimos cómodos o plenos. Pareciera que disfrutáramos de nuestra auto impuesta imposibilidad de disfrutar, de sentir y fluir sentimentalmente. Es posible que en la mujer se deba al temor a lo nuevo, lo inexplorado y a la visión crítica de los demás. Resulta lógico si consideramos que la mujer aún carga dentro de ella con el compromiso acunado en la Edad Oscura europea (previa al Renacimiento) de parecer, más que ser. El mayor secreto de la evolución de la humanidad es su capacidad de adaptación. Pero resulta que en plena Era Digital, siglo XXI, continuamos empecinados en formas de relacionarnos que corresponden a épocas y necesidades pasadas. Me pregunto si la evolución sentimental, en aquellos espécimenes que superamos los 50 años de edad, no estará en disfrutar, sentir y fluir con el otro. Sin etiquetas ni casilleros, simplemente en sentir.

Quizás se pregunten que pasó con la pregunta que originó toda esta digresión, nada.

Anuncios

Un comentario en “Nosotros, ¿qué somos?

  1. Buen artículo Walter. Alguna vez hice esa pregunta y me gustó la respuesta: ” Tan solo déjalo ser ” recordé la canción de los Beatles ” Let it be ” y si, es lo mejor.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s