Innecesario

Innecesario

Estiró su brazo y abrió el cajón de la mesita de luz. Sin dejar de mirarme, metió la mano dentro del cajón y sacó con presteza un pomo de gel lubricante. Lo dejó sobre la cama, a su lado. Ahora, en su rostro brillaba una leve y desafiante sonrisa. Con un pequeño suspiro apoyó uno de sus codos y se incorporó para buscar algo dentro del cajón. La penumbra del frío amanecer se filtraba entre las cortinas derramando grises y azules sobre nuestros cuerpos desnudos y aún húmedos tras la batalla.

Me encanta ver el cuerpo femenino en toda su naturalidad, sin pose ni preocupación. Ahora, ella pugnaba por encontrar lo que buscaba en ese cajón. Su cuerpo estirado, con un pie que giraba levemente en el aire debido al esfuerzo, la dejaba completamente expuesta a mis ojos. Disfrutaba la visión de sus nalgas redondeadas y el sexo que asomaba entre sus piernas. No sé qué buscaba pero todo parecía auspicioso a esa altura de nuestro encuentro.

Por fin, encontró lo que buscaba. Un pequeño vibrador. Se sentó en la cama, acomodando por sobre uno de sus hombros el manojo de cabellos revueltos. Quitó el tapón del pomo de lubricante y creo que leyó en mi rostro el recelo ante la aparición del objeto que ya brillaba en su mano bajo la capa de gel. Sin dejar de mirarme fijamente a los ojos, se arrodilló y el leve zumbido se apagó entre las piernas, detrás de su mano. Desperdigadas a nuestro alrededor, nuestras ropas aparentaban islas de un remoto archipiélago sobre el mar caoba del piso. Reptando entre sábanas y edredón llegué al borde de la cama. Allí sentado me dediqué a identificar que era lo mío en el suelo. A mi espalda, la respiración tibia me rodeo el cuello y sus pechos se apretaron contra mi. Sentí sus nudillos frenéticos que rozaban mi cintura.

Besé uno de sus brazos y me levanté. Con lentitud recogí mis cosas y me fui vistiendo. En tanto, ella, de espaldas sobre la cama daba una silenciosa rienda suelta a su placer privado. Cerré la puerta detrás mío. Me terminé de vestir en el living y salí al frío de la madrugada. Me sentí innecesario en ese lugar.

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